jueves, 14 de marzo de 2013

¿Quiénes somos?
Es una pregunta difícil de responder, saber que tenemos mucho pasado que desconocemos y que apenas nos sentimos orgullos de unos pocos siglos de historia...
Susana nos lleva por el camino de la reflexión y nos comparte un artículo sobre el "Fuego Nuevo", una festividad que nos invita a contestar la gran interrogante ¿quiénes somos?

Pawkar Raymi



La fiesta del Fuego Nuevo o Florecimiento
                                                                                              
Susana Freire García*

Según la cosmovisión andina este próximo 21 de marzo, se celebra el inicio de un nuevo año indígena, mejor conocido como Pawkar Raymi (fiesta del fuego nuevo o florecimeinto). Esta festividad comienza propiamente en el mes de febrero y termina en el mes de abril. En este periodo la tierra se encuentra en estado de fecundidad y brinda sus mejores productos agrícolas (es aquí donde brotan los primeros granos tiernos conocidos como llullu muru). Este Fuego Nuevo está estrechamente vinculado con el equinoccio del 21 de marzo, que es un fenómeno natural por el cual el sol regresa del sur hasta el centro, para luego dirigirse al norte. En este día, hay exactamente 12 horas de luz y 12 horas de oscuridad, y al mediodía no se produce sombra, debido a que los rayos del sol caen perpendicularmente sobre la línea ecuatorial.
Desde el 20  al 21 de marzo, los miembros de las comunidades indígenas, apagan el fuego de las tulpas de las casas para recibir al Fuego Nuevo o Mushuc Nina, acompañados de ayunos y abstinencias. Al tercer día, el hombre más sabio de la comunidad enciende el Fuego Nuevo para dar inicio al festejo. Los miembros comparten una comida comunal que está hecha a base de granos tiernos (esto guarda relación con la tradicional fanesca adoptada por el mundo cristiano), y otra hecha con frutos dulces conocida como jucho. El punto central del Pawkar Raymi es el rito conocido como Tumarina o el Arrullo del Agua, en donde participan las mujeres, ancianos y niños de la comunidad. El mismo inicia con una misa en la cual se bendicen los alimentos brindados por la tierra. Luego las mujeres depositan agua y flores sobre las cabezas de los miembros de la comunidad, y los niños hacen lo propio con sus mayores, es decir padres y abuelos. Este es un juego ceremonial que tiene como objetivo la purificación, y el inicio de un tiempo nuevo para el florecimiento. Es la oportunidad de afianzar los lazos de afecto y amistad, ya que en el momento que se coloca el agua y las flores, se expresan los mejores deseos para la persona que las recibe.  En nuestro país, varios son los lugares en los que se celebra este ritual, tales como Tulipe, Catequilla, Itchimbía, Cochasquí, la cascada de Peguche, entre otros.  
Esta festividad celebrada por nuestros ancestros nos invita a una serie de reflexiones, desde aquellas que parten desde el punto de vista ecológico y de la importancia de respetar y cuidar el hábitat natural en el que vivimos, hasta aquellas que guardan relación con nuestro acervo íntimo, y la necesidad de florecer cuantas veces sean necesarias, a nuevos comienzos, nuevos sueños y metas, ya que la vida es un continuo devenir, que nos reta cada día.

*susanafg22@yahoo.com



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