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viernes, 21 de agosto de 2009
viernes, 7 de agosto de 2009
El Santo que da Marido: galería
Gracias a todos quienes asistieron a ver la obra de teatro "El Santo que da Marido" en su primera temporada. Con llenos todos los días de función, fue grato para todos en Quito Eterno presentarles este trabajo. Compartimos aquí algunas fotos de la obra.



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jueves, 2 de julio de 2009
El Santo que da Marido
Quito Eterno presenta “El Santo que da marido”, una obra de teatro dirigida por Edgar Freire García, con la actuación de Carmen Ruiz y María Isabel Ruiz.
Temporada: Jueves, Viernes y Sábado, del 16 al 25 de julio de 2009
Hora: 19h30
Lugar: Casa Museo María Augusta Urrutia, Calle García Moreno N2-60, entre Sucre y Bolívar, diagonal a la Iglesia de la Compañía, Quito
Valor: $5 público en general, $ 4 estudiantes y niños. (Jueves $4 todo público)
Funciones para colegios, universidades y grupos: previa reservación
Para instituciones educativas se realizarán talleres pedagógicos después de la obra.
- Lo último que se me ocurrió es acudir donde una señora que parece bruja, porque ella me ha dicho que para conseguir marido debo obtener el sombrero del hombre amado, que coloque en su interior una foto y encienda un vela negra durante 13 días…
- ¿Cómo es posible que una mujer bella y virtuosa de tan solo 30 años tenga que recurrir a ciertos métodos para conseguir marido?

En un lugar de Quito se encuentran una Beata y Ana Luisa Muñoz, “La Negra Mala”. A esta última le aqueja un problema: ha pasado los treinta años de edad y aún no ha podido conseguir marido. ¿Se quedará para vestir santos? ¿Tendrá la Beata algún remedio para sus males? Quizá San Antonio de Padua, el milagroso Santo que da marido, sea la solución a sus problemas.
No se pierda esta quiteña historia y conozca las preocupaciones de estas dos mujeres, de principios del siglo XX, que bien podrían ser del XXI…

Más información y reservaciones:
info@quitoeterno.org • 228-9506
Cómo llegar en trole
Las paradas Santo Domingo (sentidos norte y sur) están a tres cuadras aproximadamente de la Casa Museo.
Cómo llegar en auto
El estacionamiento más cercano es el del Museo de la Ciudad. La entrada está en la calle Morales, junto a la Av. 24 de mayo, arriba de La Ronda.
El estacionamiento Cadisan está cerca también, en la calle Mejía, entre Benalcázar y García Moreno.
Aquí está un vínculo donde usted puede ver un mapa de las calles del Centro Histórico aledañas a la Casa Museo María Augusta Urrutia.
Temporada: Jueves, Viernes y Sábado, del 16 al 25 de julio de 2009
Hora: 19h30
Lugar: Casa Museo María Augusta Urrutia, Calle García Moreno N2-60, entre Sucre y Bolívar, diagonal a la Iglesia de la Compañía, Quito
Valor: $5 público en general, $ 4 estudiantes y niños. (Jueves $4 todo público)
Funciones para colegios, universidades y grupos: previa reservación
Para instituciones educativas se realizarán talleres pedagógicos después de la obra.
- Lo último que se me ocurrió es acudir donde una señora que parece bruja, porque ella me ha dicho que para conseguir marido debo obtener el sombrero del hombre amado, que coloque en su interior una foto y encienda un vela negra durante 13 días… - ¿Cómo es posible que una mujer bella y virtuosa de tan solo 30 años tenga que recurrir a ciertos métodos para conseguir marido?

En un lugar de Quito se encuentran una Beata y Ana Luisa Muñoz, “La Negra Mala”. A esta última le aqueja un problema: ha pasado los treinta años de edad y aún no ha podido conseguir marido. ¿Se quedará para vestir santos? ¿Tendrá la Beata algún remedio para sus males? Quizá San Antonio de Padua, el milagroso Santo que da marido, sea la solución a sus problemas.
No se pierda esta quiteña historia y conozca las preocupaciones de estas dos mujeres, de principios del siglo XX, que bien podrían ser del XXI…

Más información y reservaciones:
info@quitoeterno.org • 228-9506
Cómo llegar en trole
Las paradas Santo Domingo (sentidos norte y sur) están a tres cuadras aproximadamente de la Casa Museo.
Cómo llegar en auto
El estacionamiento más cercano es el del Museo de la Ciudad. La entrada está en la calle Morales, junto a la Av. 24 de mayo, arriba de La Ronda.
El estacionamiento Cadisan está cerca también, en la calle Mejía, entre Benalcázar y García Moreno.
Aquí está un vínculo donde usted puede ver un mapa de las calles del Centro Histórico aledañas a la Casa Museo María Augusta Urrutia.
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martes, 23 de junio de 2009
Ya viene, El Santo que da marido



- Lo último que se me ocurrió es acudir donde una señora que parece bruja, porque ella me ha dicho que para conseguir marido debo obtener el sombrero del hombre amado, que coloque en su interior una foto y encienda un vela negra durante 13 días…
- ¿Cómo es posible que una mujer bella y virtuosa de tan solo 30 años tenga que recurrir a ciertos métodos para conseguir marido?
viernes, 8 de mayo de 2009
Maratón del Cuento
Por cuarta ocasión se realiza en nuestra ciudad la Maratón del Cuento. Con el lema: Quito una ciudad que lee los habitantes de esta ciudad, en especial los niños y jóvenes, podrán vivir esta fiesta de la literatura.
La cita será en el centro Cultural Itchimbía, del 11 al 17 de mayo. Para consultar la agenda de la Maratón del Cuento puede consultar este link.
Aquí un afiche de uno de los eventos de la Maratón del Cuento:
La cita será en el centro Cultural Itchimbía, del 11 al 17 de mayo. Para consultar la agenda de la Maratón del Cuento puede consultar este link.
Aquí un afiche de uno de los eventos de la Maratón del Cuento:
miércoles, 29 de abril de 2009
Día de la madre
Hemos decidido ofrecer a nuestros amigos una alternativa diferente para celebrar. Haremos algunos recorridos especiales durante la semana del 5 al 10 de mayo, con personajes tradicionales de Quito, visitando lugares simbólicos del centro histórico.
Será una experiencia de encuentro con la ciudad, como si ella misma fuera la homenajeada.
Al final habrá una cena tradicional o chocolate quiteño, de acuerdo a su preferencia.
Para reserva o tener más información pueden contactarnos a nuestros teléfonos: 228-9506 / 295-4469.
O pueden escribirnos un e-mail al info[arroba]quitoeterno.org.
Será una experiencia de encuentro con la ciudad, como si ella misma fuera la homenajeada.
Al final habrá una cena tradicional o chocolate quiteño, de acuerdo a su preferencia.
Para reserva o tener más información pueden contactarnos a nuestros teléfonos: 228-9506 / 295-4469.
O pueden escribirnos un e-mail al info[arroba]quitoeterno.org.
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martes, 24 de marzo de 2009
Desde que decidí contar historias sobre Quito…
Por: Carmen Ruiz
Algunas veces cubierta de negro y a paso lento, con el peso de los años en el rostro y la voz, otras veces en cambio con una falda roja, chal amarillo, trenza y una canasta de la cual sale no sólo el sabor sino el fruto de cada mañana; amasada y horneada la harina y los chismes sobre una posible revuelta en la ciudad. En un par de ocasiones fui también a una de las montañas sagradas, esta vez era una hierbatera, aquella mujer que encontró un lugar donde aún crecen las plantas más usadas para curar los males: de ojo, de espanto, de aire, de amor. Ahí está la quebrada donde se esconden duendes e incluso brujas; algunos llegaron a confundirme con la “bruja del Itchimbía”.
Algo es seguro, cada vez que representé estos personajes: Beata, Panadera o Hierbatera algo en mí cambiaba y dejaba de ser Carmen, la muchacha alegre y chistosa para ser alguien más: un personaje anónimo que vive en la ciudad y que en su día a día llegó a mirar a los quiteños de una manera distinta, de una manera más sensible, más humana.
De igual manera han sido muchas las personas que han querido saber de la ciudad, niños, jóvenes, adultos, conocidos y desconocidos. Estoy segura que siempre se llevaron algo de mí y, por supuesto, yo de ellos.

Recuerdos tengo varios, he visto muchas risas y también algunos llantos, pero quizá el que más ternura me trae cuando lo tengo en mente es aquel que, en mi primer año, con un grupo de doce niños, cuando íbamos a jugar “un puente se ha caído”, todos estaban muy animados, escogí a dos niñas para que sean el puente. En ese momento una de ellas mencionó que su otra compañera “no podía”, yo pregunté: ¿por qué? La niña señaló y dijo que a su compañera le faltaba una mano. Aquella bajó la cabeza y se sonrojó. Yo le dije que eso no importaba que simplemente la sujetara de la manga del saco y que siguiéramos jugando. Todo terminó bien pero lo que no olvidaré es la mirada y gran abrazo que la niña me regaló al momento de despedirnos. Toda ella me decía: Gracias.
A veces me pregunto ¿cuántos atropellos tenemos que pasar las personas? Estamos acostumbrados a mirar extraño o hacernos a un lado cuando alguien tiene alguna diferencia. A cuántos de nosotros nos haría bien tener sus ojos para mirar lo que ellos, observar, tocar y sentir como ellos: el cojo, el ciego, el mendigo, porque a la final todos vivimos y hacemos esta ciudad.
Aún me quedan muchas experiencias por vivir y cada vez estoy más atenta a lo que sucede en la cotidiana convivencia.
Convivir, un verbo que ha cobrado un nuevo significado para mí y que invito a todos a repensarlo, porque el estar con, el vivir junto a es lo que hace también a una ciudad.
Algunas veces cubierta de negro y a paso lento, con el peso de los años en el rostro y la voz, otras veces en cambio con una falda roja, chal amarillo, trenza y una canasta de la cual sale no sólo el sabor sino el fruto de cada mañana; amasada y horneada la harina y los chismes sobre una posible revuelta en la ciudad. En un par de ocasiones fui también a una de las montañas sagradas, esta vez era una hierbatera, aquella mujer que encontró un lugar donde aún crecen las plantas más usadas para curar los males: de ojo, de espanto, de aire, de amor. Ahí está la quebrada donde se esconden duendes e incluso brujas; algunos llegaron a confundirme con la “bruja del Itchimbía”.
Algo es seguro, cada vez que representé estos personajes: Beata, Panadera o Hierbatera algo en mí cambiaba y dejaba de ser Carmen, la muchacha alegre y chistosa para ser alguien más: un personaje anónimo que vive en la ciudad y que en su día a día llegó a mirar a los quiteños de una manera distinta, de una manera más sensible, más humana.
De igual manera han sido muchas las personas que han querido saber de la ciudad, niños, jóvenes, adultos, conocidos y desconocidos. Estoy segura que siempre se llevaron algo de mí y, por supuesto, yo de ellos.

Recuerdos tengo varios, he visto muchas risas y también algunos llantos, pero quizá el que más ternura me trae cuando lo tengo en mente es aquel que, en mi primer año, con un grupo de doce niños, cuando íbamos a jugar “un puente se ha caído”, todos estaban muy animados, escogí a dos niñas para que sean el puente. En ese momento una de ellas mencionó que su otra compañera “no podía”, yo pregunté: ¿por qué? La niña señaló y dijo que a su compañera le faltaba una mano. Aquella bajó la cabeza y se sonrojó. Yo le dije que eso no importaba que simplemente la sujetara de la manga del saco y que siguiéramos jugando. Todo terminó bien pero lo que no olvidaré es la mirada y gran abrazo que la niña me regaló al momento de despedirnos. Toda ella me decía: Gracias.
A veces me pregunto ¿cuántos atropellos tenemos que pasar las personas? Estamos acostumbrados a mirar extraño o hacernos a un lado cuando alguien tiene alguna diferencia. A cuántos de nosotros nos haría bien tener sus ojos para mirar lo que ellos, observar, tocar y sentir como ellos: el cojo, el ciego, el mendigo, porque a la final todos vivimos y hacemos esta ciudad.
Aún me quedan muchas experiencias por vivir y cada vez estoy más atenta a lo que sucede en la cotidiana convivencia.
Convivir, un verbo que ha cobrado un nuevo significado para mí y que invito a todos a repensarlo, porque el estar con, el vivir junto a es lo que hace también a una ciudad.
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