jueves, 21 de marzo de 2013


Se acerca la Semana Mayor o Semana Santa, con motivo de la fecha nuestra amiga Susana nos cuenta secretos y detalles de una de las festividades religiosas más importantes para la ciudad de Quito.


La Túnica de Cristo



La celebración de la Semana Santa en Quito

Primera Parte


Susana Freire García*

Introducción
Dada la proximidad de la celebración de la Semana Santa en Quito, queremos brindar a nuestros lectores esta nueve serie que tendrá 2 partes, en la cual se hará un recorrido histórico alrededor de esta festividad cristiana, para que puedan conocer más de cerca su origen y el significado de los ritos que se practican en la misma.

Origen de la celebración de la Semana Santa
Fue en el año 325 DDC, cuando los miembros del Concilio de Nicea decidieron que la Semana Santa (recordatorio anual de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo) debía celebrarse de acuerdo a ciertas normas. Es así que ésta tendría inicio un día Domingo (lo que hoy se conoce como Domingo de Ramos), y que terminase con el Domingo de Resurrección. Sin embargo existieron varios problemas al momento de calcular cuál era la fecha más idónea para la celebración de la misma, razón por la que tuvieron que pasar muchos años hasta encontrar una solución definitiva. Por iniciativa de Dionisio El Exiguo (monje erudito y matemático del siglo VII, creador del cálculo de la Era Cristiana o Anno Dómini), se estableció que a partir del año 525 DDC, esta celebración debía calcularse tomando como referencia a la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera, es decir que no podía empezar antes del 22 de marzo, y tendría como fecha límite el 25 de abril.

La Semana Santa en Quito
Tras la llegada de los españoles a nuestras tierras, y la consecuente fundación de la Villa de San Francisco de Quito en 1534, el Papa Paulo III emitió en el año de 1545 una Bula Papal mediante la cual se confirió a Quito “honor y jerarquía eclesiástica”, distinción que implicaba la construcción de una Iglesia Catedral consagrada a María Santísima, y la designación de un Obispo para presidirla. Es así que por orden del Rey de España, se nombró al sacerdote Garcí Diaz Arias como Obispo de Quito, que arribó a la Audiencia en el año de 1550. Entre sus atribuciones, el Obispo debía oficiar en Quito, todas las ceremonias religiosas que se celebraban en España, entre ellas la Semana Mayor o Semana Santa.

jueves, 14 de marzo de 2013

¿Quiénes somos?
Es una pregunta difícil de responder, saber que tenemos mucho pasado que desconocemos y que apenas nos sentimos orgullos de unos pocos siglos de historia...
Susana nos lleva por el camino de la reflexión y nos comparte un artículo sobre el "Fuego Nuevo", una festividad que nos invita a contestar la gran interrogante ¿quiénes somos?

Pawkar Raymi



La fiesta del Fuego Nuevo o Florecimiento
                                                                                              
Susana Freire García*

Según la cosmovisión andina este próximo 21 de marzo, se celebra el inicio de un nuevo año indígena, mejor conocido como Pawkar Raymi (fiesta del fuego nuevo o florecimeinto). Esta festividad comienza propiamente en el mes de febrero y termina en el mes de abril. En este periodo la tierra se encuentra en estado de fecundidad y brinda sus mejores productos agrícolas (es aquí donde brotan los primeros granos tiernos conocidos como llullu muru). Este Fuego Nuevo está estrechamente vinculado con el equinoccio del 21 de marzo, que es un fenómeno natural por el cual el sol regresa del sur hasta el centro, para luego dirigirse al norte. En este día, hay exactamente 12 horas de luz y 12 horas de oscuridad, y al mediodía no se produce sombra, debido a que los rayos del sol caen perpendicularmente sobre la línea ecuatorial.
Desde el 20  al 21 de marzo, los miembros de las comunidades indígenas, apagan el fuego de las tulpas de las casas para recibir al Fuego Nuevo o Mushuc Nina, acompañados de ayunos y abstinencias. Al tercer día, el hombre más sabio de la comunidad enciende el Fuego Nuevo para dar inicio al festejo. Los miembros comparten una comida comunal que está hecha a base de granos tiernos (esto guarda relación con la tradicional fanesca adoptada por el mundo cristiano), y otra hecha con frutos dulces conocida como jucho. El punto central del Pawkar Raymi es el rito conocido como Tumarina o el Arrullo del Agua, en donde participan las mujeres, ancianos y niños de la comunidad. El mismo inicia con una misa en la cual se bendicen los alimentos brindados por la tierra. Luego las mujeres depositan agua y flores sobre las cabezas de los miembros de la comunidad, y los niños hacen lo propio con sus mayores, es decir padres y abuelos. Este es un juego ceremonial que tiene como objetivo la purificación, y el inicio de un tiempo nuevo para el florecimiento. Es la oportunidad de afianzar los lazos de afecto y amistad, ya que en el momento que se coloca el agua y las flores, se expresan los mejores deseos para la persona que las recibe.  En nuestro país, varios son los lugares en los que se celebra este ritual, tales como Tulipe, Catequilla, Itchimbía, Cochasquí, la cascada de Peguche, entre otros.  
Esta festividad celebrada por nuestros ancestros nos invita a una serie de reflexiones, desde aquellas que parten desde el punto de vista ecológico y de la importancia de respetar y cuidar el hábitat natural en el que vivimos, hasta aquellas que guardan relación con nuestro acervo íntimo, y la necesidad de florecer cuantas veces sean necesarias, a nuevos comienzos, nuevos sueños y metas, ya que la vida es un continuo devenir, que nos reta cada día.

*susanafg22@yahoo.com



viernes, 8 de marzo de 2013


Compartimos con ustedes la segunda parte sobre la vida de la santa quiteña Mariana de Jesús, gracias a nuestra amiga Susana, que nos invita a redescubrir más sobre la Azuzena de Quito.



Oración de Mariana de Jesús


Mariana de Jesús: “El Ecuador no desaparecerá por lo terremotos…”
Parte II
                                                     Susana Freire García*

No era precisamente el comportamiento “pecaminoso” de los quiteños, el causante directo de  los temblores y terremotos, sino la accidentada geografía de este territorio, lo que le tornaba susceptible a las catástrofes naturales. Sin embargo la manipulación propiciada desde el púlpito y el confesionario, podía más que el conocimiento y la reflexión mesurada. En medio de este panorama, Mariana de Jesús emergió- no por un deseo consciente de ella- sino por los intereses de la Iglesia Católica, especialmente de los jesuitas, como el ideal de una vida entregada a la castidad y a la expiación de los pecados. Claro que no todos creían en la "santidad" de la joven, ya que existíó en tiempos de la Colonia, una tendencia que ponía en tela de juicio, la veracidad de la fe y comportamiento de las beatas, entre las cuales se encontraba Mariana. El propio presidente de la Audiencia de Quito, Antonio de Morga (que gobernó desde 1615 hasta 1636), expresaba no solo su incredulidad hacia las virtudes de monjas y beatas, sino que a la vez denunciaba los ardides políticos de los sacerdotes, que utilizaban a estas mujeres para su beneficio “Un religioso enemistado conmigo hizo decir a una pobre monja, presa de la demencia, que Dios había enviado maldiciones contra el Presidente de la Audiencia, por jugador y mujeriego. Otro, éste de la Compañía de Jesús, trata a una doncella, tan poco juiciosa que tuvo que disuadirla de clavarse en una cruz que tiene en su jardín. Ahora el jesuita anda regando la especie de que esta joven virgen habla con Jesús y con su divina madre, quienes le han advertido que los pecados del Doctor Morga y otras autoridades harán pronto estallar los volcanes que rodean a Quito”. Estas últimas frases de Morga dedicadas específicamente a Mariana de Jesús, ilustran el juego de poder entre el gobierno local de aquel entonces, y la Iglesia Católica, -juego que dicho sea de paso-, no tenía ningún pudor al momento de utilizar las herramientas que fueran necesarias, para alcanzar los objetivos planteados. Es por ello que historiadores e investigadores que se han dedicado a estudiar la vida de la santa quiteña, como es el caso de Raquel Serur, demuestran con argumentos y pruebas sólidas, de que su “santidad” fue inducida a fuerza de intereses y manipulaciones de las que seguramente ella no fue consciente. En el escenario social y político del Quito del siglo XVII, la Iglesia Católica necesitaba una figura de expiación y mortificación, y halló en Mariana a su mejor instrumento. Este juego político llegó a su punto culminante, a raíz de una catástrofe natural como fue el terremoto acaecido en 1645 en Riobamba, y que produjo severas consecuencias en Quito. A esto se sumó la presencia de una peste maligna de garrotillo y alfombrilla, que empezó a diezmar a la población. Entre lágrimas y rezos, los quiteños abarrotaban las iglesias pidiendo clemencia. Y fue en esta coyuntura que el 26 de marzo de 1645, mientras el sacerdote jesuita Alonso de Rojas pronunciaba un apasionado discurso, cuando Mariana de Jesús se paró frente al altar y expresó ante los presentes, que deseaba ofrecer su vida, a cambio de que Quito fuese salvada de los terremotos y la peste. Después de este suceso, coincidentalmente los casos de peste desaparecieron, y pocas semanas después fallecía Mariana de Jesús, un 26 de mayo de 1645, a los 26 años de edad. 


jueves, 28 de febrero de 2013


¿Deseas conocer más sobre la vida de Mariana de Jesús? 
Nuestra amiga Susana nos invita a redescubrir más sobre la vida de la santa quiteña.



Cuadro de Mariana de Jesús autor Joquín Pinto



Mariana de Jesús: “El Ecuador no desaparecerá por los terremotos…”
Parte I
Susana Freire García*

Hace unas semanas, un fuerte temblor que tuvo su epicentro en la ciudad de Túquerres (Colombia), fue sentido en todo el territorio ecuatoriano, provocando susto y tensión entre los habitantes. En varios programas radiales, los radioescuchas expresaban su preocupación por lo sucedido y a la vez recordaban aquella conocida profecía que hace referencia “a que el Ecuador no desaparecerá por los terremotos, sino por los malos gobiernos”, como una suerte de protección divina ante las amenazas naturales. Esta profecía atribuida a Santa Mariana de Jesús, carece según varios investigadores de asidero histórico, ya que no existen pruebas que confirmen que la santa quiteña haya pronunciado la misma (tomando en cuenta además que para esa época éramos una colonia), sin embargo está tan arraigada entre los quiteños, que difícilmente puede ser borrada del imaginario colectivo.
La figura de Mariana de Jesús (1618-1645) suele despertar más de una inquietud o polémica. Desde el punto de vista católico es indiscutible su santidad, ya que desde niña dio muestras de una pureza y espiritualidad únicas. Su amor hacia Dios, hizo de ella una mujer que despreciaba la existencia mundana, y que como contraparte, creó un sistema de vida impregnado por la austeridad, devoción y mortificación. No hay que olvidar el contexto histórico y social en el que Mariana de Jesús se desenvolvió, signado por un sistema colonial en el que la influencia ejercida por la religión católica y sus representantes, tenía una incidencia directa en los habitantes. Bajo la amenaza del “castigo divino” se inducía a los fieles a comportarse según las reglas establecidas por la religión católica, y a no cuestionar los dogmas y enseñanzas cristianas. En medio de ese temor y oscurantismo, emergió la figura de Mariana de Jesús como la encarnación de todas las virtudes divinas, y de un modelo a seguir especialmente para las mujeres. A estas últimas principalmente se les exigía resguardar su honor y no ceder ante las tentaciones mundanas, para de esta manera mantener el statu quo de una sociedad feudal y patriarcal, en donde las desigualdades sociales estaban muy marcadas. 
Bajo ese sistema, en que la fe se imponía a la razón, era muy común escuchar a los sacerdotes aseverar que los terremotos, pestes y enfermedades que se producían en la Audiencia de Quito, eran consecuencia de aquella vida disoluta y de pecado, en la que vivían inmersos la mayoría de los habitantes. Esta sentencia –por llamarla de algún modo- asustaba a más de uno, ya que las oportunidades para rebatir aquellas ideas prejuiciadas eran escasas y riesgosas…

Continuará
susanafg22@yahoo.com

jueves, 21 de febrero de 2013


Llegamos al final del tema: "El Carnaval en Quito", nuestra amiga Susana nos invita a una seria reflexión no solo sobre esta fecha, pues nos ayuda a cavar un poco más en nuestro pasado.



Revista Caricatura nº 12 marzo 2 de 1919


El Carnaval en Quito
Final
                                                                            Susana Freire García*

Los nuevos aires de modernidad que empezaron a surgir  en Quito alrededor del ornato, el adecentamiento de calles y plazas, la implementación del tranvía y otros servicios básicos, propiciaron que en la segunda década del siglo XX, los cánones culturales evidenciaran una variación que tenía como objetivo “culturizar” a las diversas manifestaciones artísticas bajo un modelo, que no necesariamente incluía a todos los habitantes de la ciudad. El festejo del Carnaval no quedó fuera de ello, de ahí que empezaron a organizarse los denominados “Juegos Florales” por parte de los estudiantes de la Universidad Central. La idea era celebrar los días de Carnestolendas con un enfoque refinado y artístico, para lo cual se organizaban certámenes de poesía y literatura en el Teatro Sucre, a más de la elección de la Reina de la Corte de Amor de los Juegos Florales, las fiestas de máscaras en salones, y el Corso de Flores que consistía en un desfile con carros alegóricos que recorrían las principales calles del centro de la ciudad. En los concursos de literatura solía darse como premio la Violeta de Oro al ganador, y la Violeta de Plata al que quedaba en segundo lugar. Fue en certámenes como éstos que se dieron a conocer poetas y escritores como César y Jorge Carrera Andrade, y Benjamín Carrión, entre otros. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Desde épocas pasadas se quiso prohibir la celebración del Carnaval, nuestra amiga Susana nos trae la segunda parte sobre este tema y nos cuenta más secretos.



Festejo en el Quito Colonial


El Carnaval en Quito
Segunda Parte

                                                                                                                 Susana Freire García *

Los intentos de las autoridades españolas por moderar el festejo del Carnaval en la Audiencia de Quito, fueron prácticamente inútiles. A principios del siglo XIX, el Barón de Carondelet en su calidad de Presidente de la Audiencia tuvo la iniciativa de “culturizar” a esta fiesta, a través de la sustitución del Carnaval por las corridas de toros. Lo que buscaba es que los quiteños dejaran de lado aquel ceremonial simbólico que cuestionaba al poder, y que se concentraran en esta diversión netamente española. Sin embargo los quiteños percibieron anticipadamente las intenciones de Carondelet, y aprovecharon precisamente esta oportunidad para salirse con la suya. Así las corridas de toros se convirtieron en un “Carnaval de mascaradas”, en el que la gente del pueblo se mofaba de las autoridades civiles y eclesiástica. Alarmado por esta situación, el Barón de Carondelet emitió en el año de 1802 el documento denominado “Bando sobre diversiones públicas”, en el cual se establecía que las máscaras debían ser decentes,  y que bajo ninguna circunstancia se podía poner en ridículo a aquellas personas que llevaban traje eclesiástico o hábito. Quienes incumplieran esta orden serían castigados sin distinción de clase ni de sexo, con una multa de 20 pesos, y para los insolventes con una pena de 15 días de prisión.  
Aparentemente los quiteños acataron la disposición, más no pasó mucho tiempo para que las mofas y mascaradas en contra de las autoridades españoles se recrudecieran, tanto que en el año de 1804, el Barón de Carondelet prohibió definitivamente el uso de máscaras en las corridas de toros,  durante los 3 días que duraban las Carnestolendas. 

jueves, 7 de febrero de 2013


Febrero mes de carnaval, los guambras jugamos con agua y harina, como dicen los antiguos "carnaval no era carnaval si no se jugaba con agua", aunque ahora prima respetar el ambiente y ser más conscientes con el uso del vital recurso.
Con motivo de la fecha, Susana Freire a hurgado más en nuestro pasado e historia y nos cuenta desde cuando se celebraba la Fiesta de Carnaval en la milenaria ciudad.
¡Redescúbrelo!


Festejo en la Real Audiencia de Quito


El Carnaval en Quito
Primera Parte
                                                                                 
                                                             Susana Freire García*

El Carnaval tiene su origen en las fiestas paganas que se realizaban en honor del dios Baco (Dios del Vino) en el antiguo imperio romano, o también en las festividades del toro Apis en Egipto. Algunos historiadores aseguran que esta celebración nació en Sumeria y Egipto hace más de 5000 años, desde donde se expandió hacia Europa, y posteriormente a América con la llegada de los españoles. 
En Quito, tenemos los primeros registros de esta celebración, en la época de la Audiencia durante el siglo XVIII.  Según lo señala el historiador Jorge Núñez, este festejo popular fue uno de los más reprimidos durante la colonia, ya que tanto indígenas como mestizos le dieron un sello propio y una simbología, que cuestionaba directamente al poder. Bajo la estrategia del blanqueamiento del rostro por medio de polvos blancos y harina, se enviaba un mensaje directo a los españoles, para advertirles que gracias a este ritual, todos estaban al mismo nivel y que no existían opresores ni oprimidos, al menos por unos días al año.
Este sincretismo originado alrededor del Carnaval se convirtió en una forma de resistencia cultural, frente a la opresión ejercida por las autoridades españolas. Por ello es que esta celebración se tornó peligrosa, ya que junto al blanqueamiento estaban el baile, las mascaradas burlescas, la utilización del agua para mojarse entre unos y otros,  y la ingesta de licor, provocando con esto una explosión de libertad, alegría y sensualidad, que difícilmente podía ser refrenada.  Ante este panorama el Obispo de Quito Don Juan Nieto (oriundo de Popayán) prohibió “bajo pena de excomunión” la práctica del Carnaval en la Audiencia de Quito, a cuyo desorden atribuyó el terremoto acaecido en el año de 1755.